III Feria Latinoamericana del Libro - Filadelfia (Estados Unidos)

De mi experiencia en Filadelfia y otras unturas

Por: Marino Millán

III Feria Latinoamericana del Libro - Filadelfia (Estados Unidos)
III Feria Latinoamericana del Libro – Filadelfia (Estados Unidos)

Impacto cultural

Luego de veinte días de ausencia, regresé de los Estados Unidos donde fui invitado a diferentes eventos literarios en los que tuve la oportunidad de exhibir ante nuestro pueblo latino mis obras: “Mis Errantes Vivencias” y “Pasiones Condenadas”.

La mayor parte del tiempo la pasé en Filadelfia, Pensilvania, nombre elegido por William Penn, que significa: «La ciudad del amor fraternal». Urbe acogedora y vigilada celosamente por el caudaloso Río Delaware.

Siglos atrás, Filadelfia fue la capital de ese país; hablamos de una ciudad hermosa, histórica y cultural como quiera que ahí se aprobó el 4 de julio de 1776, la Declaración de Independencia Nacional. Entre sus curiosidades observé el enorme reconocimiento tributado al actor, Sylvester Stallone, quien sin estar en el ranking de los más sobresalientes del séptimo arte, su creación e interpretación del boxeador Rocky Balboa en la mundialmente famosa saga, titulada como «Rocky», motivó a sus moradores a distinguirlo con una estatua en la zona correspondiente al precioso Museo de Arte de Filadelfia, considerado entre los más grandes e importantes de los Estados Unidos.

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Algunas escenas de la taquillera y laureada película se grabaron en las empinadas y numerosas gradas que conducen a la entrada principal de ese patrimonio arquitectónico y cultural. Resultando increíble que, con semejante pléyade de campeones mundiales de boxeo nacidos en esas tierras (Muhammad Ali, Joe Frazier, Mike Tyson, Sonny Liston, Sugar Ray Leonard, entre muchos otros), se rinda homenaje a un boxeador que solo existió en la imaginación del actor y director en mención. Pero “ahí está el detalle”, dijo Mario Moreno “Cantinflas”. El protagonista (Balboa) es nacido en Filadelfia, proveniente de la colonia italiana, una de las más robustas de la zona por la época.

Teniendo Philly —como la llaman coloquialmente— tantos atractivos turísticos, ningún visitante escapa a la tentación de llegar al lugar para posar, filmar y tomarse infinidad de fotos junto al campeón inexistente. Por tal motivo la gratitud es perenne con Stallone.

Bueno, imposible pasar por alto mi visita a Eastern State Penitentiary, la primera prisión que albergó a Alphonse Capone o Al Capone, como se le distinguió en el oscuro mundo del crimen organizado. Su arresto se produjo a la salida de un cine, al hallarle las autoridades el porte de un revolver carente del amparo legal. Su permanencia no excedió a siete meses, en razón de sus influencias y manejo de sobornos. La celda ocupada por el capo gozaba de privilegios ajenos para el resto de presidiarios; guardadas proporciones, algo así como «La Catedral» de Pablo Escobar en Colombia, y se encuentra a disposición de los turistas que realizan el recorrido por el icónico centro carcelario, pagando el ingreso, desde luego. En Estados Unidos lo único gratuito es el aire que se respira.

Seguramente, muchos de ustedes conocerán por referencias o por sus viajes, los lugares citados en este escrito, y tal vez otros, apenas se enterarán ahora. Pues que bueno poder aportarles alguna ilustración, que jamás estará de sobra para aquellos inquietos por la historia y la cultura general.

Divulgación periodística

Derroche de literatura latinoamericana

La otra cara

Al igual que todas las ciudades del mundo, Philly, tiene su lunar, su punto negro. No podía ser la excepción. Se trata de la Avenida Kensington o “Calle de los zombis” como le han bautizado los diferentes medios informativos. Un fotograma absolutamente deplorable, melancólico, mugriento y devastador.

Acudí personalmente, no por incredulidad, sino porque este tipo de escenarios y situaciones sociales me llaman la atención dada mi intuición periodística, y ningún testimonio por veraz que sea, supera lo que yo pueda percibir desde mi óptica. Sin temor a equivocarme, todo lo publicado es poco ante la realidad que pude palpar. Es la máxima degradación del ser humano. Las imágenes parten el corazón del más indolente al verles aferrados a un poste, bajante o a cualquier paral a manera de estatuas con sus cuerpos contorsionados, sus brazos retorcidos como dislocados de los hombros y demás coyunturas, o totalmente desmadejados por horas sobre una baranda a pleno sol o lluvia. Mujeres jóvenes y bonitas, tumbadas en el piso con la jeringa bamboleante en sus amoratados brazos. ¡Pobrecitos! Algunos son blancos, otros negros y el resto mestizos de todas las edades. Mancebos y ancianos a la par.

Durante algún tiempo estuvieron aposentados en túneles de la vía férrea, escondidos de las miradas inquisidoras de los transeúntes que ignoran que son seres humanos enfermos, más allá de ser vagabundos drogadictos. Pero en las noches oscuras, esa pequeña luz distante que ganaba intensidad y tamaño al acercarse, posiblemente fue interpretada por uno que otro, como la luz divina o el llamado del Creador, e iban en busca de ella perdiendo sus vidas al ser despedazados por la máquina del tren. Fue cuando las autoridades locales procedieron a reubicarlos en un amplio lote baldío del sector, entre carpas de camping para que no vivieran a la despiadada intemperie. Más de una alma caritativa y piadosa se aproxima a ellos para llevarles comida, elementos de aseo personal, ropa y hasta dinero. No obstante, durante el día van a la avenida en busca de los proveedores, que abundan ante la mirada complaciente de los policías aparcados en sus patrullas, permisivos con ese comercio de drogas inyectables en su gran mayoría. Están ahí solo para intervenir en caso de alguna riña, la que nunca se produce por el estado famélico, inconsciente e impotente de los consumidores. O simplemente, para llamar a la ambulancia en caso de que alguna sobredosis ocasione una muerte súbita. Da la sensación de que la idea es dejarlos a su libre albedrío para que se maten solos. Inclusive, hay lugares autorizados que los proveen de jeringas y así evitar intercambios que conlleven a contagios de enfermedades como el sida, hepatitis, tuberculosis, etc., etc.

No son pocos, son nubes de personitas ad portas del infierno, en manos del «diablo» que en la tierra tiene su mejor representación en la maldita droga proveniente de diferentes países. Dios se apiade de ellos y salve sus espíritus.

Son seres que no saben si viven o mueren, si hace frío o calor, si llueve o truena, si hay paz o guerra, si odian o aman, si comieron o tienen hambre, si importan o no a la sociedad, si están enfermos o saludables, si pisan suelo o levitan. ¡Qué desazón más horrible!

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Danilo Burgos (representante de Estado), Julio César Largo, Alberto Pérez López y Marino Millán

Experiencia literaria

Luego de este relato enmarcado por el contraste de la belleza y orden de una gran ciudad, y la tragedia humana, paso a compartirles detalles de mi periplo literario.

Recibí de parte del comité organizador de la “Tercera Feria Latinoamericana del Libro” de Filadelfia, formal invitación para participar en ese y en otros dos connotados eventos: “Alianza Latina” y “Encuentro de Autores”, con mis ya reconocidas obras intituladas como “Mis Errantes Vivencias” y “Pasiones Condenadas”. La recomendación primordial era llevar suficientes libros para vender a los interesados visitantes, interactuar con ellos y exponer en conversatorios la esencia e inspiración de los escritos. Me correspondió compartir estand con otro colega colombiano procedente de Bogotá, mi gran amigo, Alberto Pérez López (Alpelo), con su épica obra: “Los Milagros de Leo Kopp”, el fundador de Bavaria.

Vaya experiencia más gratificante e inolvidable. Qué novedosa sensación produjo en todo mi ser, verme rodeado del afecto, cariño y admiración de ciudadanos cubanos, mexicanos, peruanos, paraguayos, chilenos, ecuatorianos, centroamericanos y desde luego, colombianos, quienes desfilaron por mi escritorio solicitándome fotos y autógrafos. A mitad del tercer evento debimos colgar el aviso, Sold out, es decir: vendido todo. Me vi obligado a vender por encargo, recibir el dinero con el compromiso de enviar mis libros a posteriori, lo que ya está haciendo el distribuidor desde Colombia. Fue un éxito inesperado, les confieso. Y lo mejor está por venir, pues ha aparecido una editorial norteamericana interesada en traducir mis libros al idioma inglés. Vea pues, se creció el enano.

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Bendito Dios y toda su “gallada” como decíamos en el barrio donde nací: Saavedra Galindo de Cali.

No quiero despedirme sin antes agradecer a mis amigos, Julio César Largo y Leití Rodríguez, su esposa, excepcionales anfitriones. Y como dejar sin crédito a Nataí Rodríguez y, a Isabel Cristina Galeano, mis vecinas de dormitorio.

¡Gracias, Filadelfia!

¡Gracias, hermanos latinoamericanos, los llevaré por siempre en mi corazón!

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Comentario de Marino